Definir a las Relaciones Públicas de un tirón, resulta a veces más complicado que entender sus antojadizos términos anglosajones. Sin embargo, dentro de un marco teórico aceptable, el libro ‘Teoría y Práctica de las Relaciones Públicas’, escrito por Fraser P. Seitel, ofrece ciertas luces para su inicial comprensión. Un ejemplo simple demuestra que actualmente hay pocas fuerzas que tengan más efecto que la misma comunicación y como esta, aplicada en nuestro curso, puede cambiar la perspectiva de un hecho tornándolo positivo. De Ripley.
Inicia con algunos -si se podrían llamar- dóciles conceptos sobre “Cómo hacer lo correcto”. Dije dóciles, porque son fáciles de manejar. Sabemos que esta disciplina, en proceso a convertirse en ciencia, se encuentra en un estado de pleno desarrollo. Cabe resaltar que la última opinión se rige según el entorno socio-geográfico; es decir, depende del país en donde se practique. Su fortaleza proviene de una sociedad democrática en la cual la gente es libre de debatir y tomar decisiones en todos sus ámbitos y, a su vez, esta ayudará a crear una mejor forma de vida. Modus vivendi para los que deseen.
Puede calificarse como llamativa y desfavorable a la impresión acerca de nuestra disciplina, ya que se la ha ligado mucho a la constante del intento por engañar al público. Nones. La ‘Tergiversación’ de los hechos es un problema usual, lógico e inevitable, por el que la comunidad verá afectados sus intereses, debido al poco conocimiento sobre las RR.PP. y sus funciones. De la mano con los medios de comunicación, resulta muy fácil yuxtaponerlos y alegar que solo hacen el mal. Es cierto, a veces tendemos a repetir. Micos. Incluso el libro habla de una publicación que hizo el New York Times titulado <
Hoy por hoy, poner en duda su preeminencia -o gran importancia- es quizá, condenarse al fracaso. O la dura sostenibilidad. Repito, o al fracaso. Su práctica ha adquirido gran importancia en las organizaciones que se manejan del modo adecuado, luchando por encontrar el respeto que algunas ciencias antiguas poseen. Se lo merecen. Los salarios en ejecutivos dedicados a su ejercicio siguen aumentando, tanto en las empresas como en las agencias, llegando a ganar hasta siete envidiables cifras si estas en la cima o algún cargo de gran nombre. Ojo, siete.
Entonces, es la obligación de quienes tienen su praxis el mantener el campo que se ha ido abriendo hasta ahora. No dejar que se vea mancillado por eufemismos como asuntos públicos, marketing integrado, información pública, etc. Y sin ir tan lejos, en el Perú, los que supuestamente “laboran” en ella y se encargan de la imagen corporativa, terminan haciendo los polos para las olimpiadas de la empresa. Cinco años para buscar telas y medias que combinen: no way.
En el libro encontré a Leon Hens, un acaudalado estadounidense quien falleció en 1999, dueño del equipo de fútbol americano New York Yets, así como también de algunas compañías petrolíferas. Hens, se ufanaba de no contar con un departamento de Relaciones Públicas. Bueno, uno en un millón. A diferencia del Marketing y ventas que tienen como objetivo vender los productos, las RR.PP. venden la propia organización. En la actualidad no tiene elección, necesariamente tienen que crearlas de modo profesional.
Cerrando, he aquí el ejemplo claro del libro que cual mencioné al principio y que ya olvidaron: “Llega un circo a la ciudad y sus dueños quieren que la gente lo sepa. Un elefante es paseado por sus calles con un letrero grande promocionándolo. De pronto, sin mirar, el animal pasa sobre el jardín principal y lo destruye. ¡Ouch!, mal paso. Con las Relaciones Públicas los dueños serán capaces de conseguir que el alcalde se ría del incidente y dé la bienvenida al circo sin resentimientos”.
Sin titubeos, está joven disciplina le otorga el alma. Y eso, ya es bastante.

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